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viernes, 9 de junio de 2017

Albóndigas de soja y avena con tomate.


Las albóndigas eran uno de mis platos favoritos cuando era omnívora, y llevo cuatro años probando recetas, cambiando ingredientes, intentando imitar el sabor que yo recordaba... y creo que lo he conseguido. Estas son las albóndigas más fáciles, rápidas de hacer y ricas que he probado. En poco más de media hora están preparadas.

Ingredientes (para unas 24 albóndigas): 

150 grs. de soja texturizada fina
150 grs. de copos de avena
350 ml. de caldo vegetal
1.600 grs. de tomate triturado (dos latas grandes)
harina de trigo
sal
pimienta negra molida
ajo molido
perejil picado
cebolla picada (especia)
aceite de oliva virgen extra

Elaboración:

Lo primero de todo, pondremos a freír el tomate, para que se cocine mientras formamos las albóndigas. En una cazuela echamos una buena chorrada de aceite de oliva, el tomate, sal y una cucharadita de azúcar. Dejamos a fuego medio. Ponemos en un bol grande la soja texturizada y la avena, y mezclamos bien. En una cazuela calentamos el caldo de verduras. Yo tenía caldo casero, pero si no tenéis, podéis poner agua con una pastilla de caldo vegetal. Mientras el caldo se calienta sazonamos la mezcla de avena y soja al gusto: sal, pimienta, ajo, perejil, cebolla... o las especias que más os gusten. Yo he usado estas porque eran las que usaba cuando hacía albóndigas de carne, y lo que buscaba era imitar lo más posible ese sabor.
Cuando el caldo esté caliente lo añadimos al bol y mezclamos bien con ayuda de una cuchara. Formamos las bolitas, apretando bien la masa con las manos para compactarlas, y las pasamos por harina. En una sartén, con abundante aceite, freímos las albóndigas hasta que estén doradas por todos los lados. Se fríen enseguida, por lo que no debéis dejarlas mucho rato sin vigilancia. Cuando estén bien doradas las echamos en la cazuela del tomate, y apagamos ya el fuego. Ya tenemos nuestras albondigas listas, en no más de media hora.
Espero que os gusten.

domingo, 14 de mayo de 2017

Canelones de la abuela


Los canelones eran uno de mis platos favoritos cuando yo era omnívora, y creo que esta "veganización" está muy conseguida, porque recuerdan muchísimo en sabor y textura a los de carne. Me he inspirado en la receta de mi abuela, que los hacía riquísimos. 
Es un plato un poco laborioso... pero merece la pena perder un ratito de vez en cuando para poder deleitar nuestro paladar.

Ingredientes:

Una caja de pasta para canelones
Soja texturizada fina
Paté vegetal
Tomate triturado
1 Cebolla mediana
Salsa de soja
Vino blanco
Leche de soja sin azúcar
Queso vegano rallado
Harina de trigo
Nuez moscada
Sal
Aceite de oliva virgen extra

Elaboración: 

Lo primero de todo leeremos las instrucciones de la pasta de canelones, ya que algunas marcas hay que hervirlas y otras solo hidratarlas un rato. Yo suelo comprar las que solo se hidratan, porque creo que están igual de ricos los canelones y es más rápida su preparación. Mientras se hidratan o se hierven, vamos a preparar el relleno y la bechamel. Cuando las placas de canelones estén listas las pondremos sobre un paño de algodón limpio, para que no se peguen a la encimera y se rompan, y las secaremos con un papel de cocina. 
Picamos una cebolla mediana (o media grande) y la ponemos al fuego lento con una ahorrada de aceite en la sartén, para que se sofría. Mientras, hidratamos la soja texturizada (no sé cuantos gramos... cocino un poco a ojo. Yo lleno medio bol de desayuno, mas o menos, y cuando se hidrata está el bol entero lleno), poniéndola a remojo con agua caliente, una buena chorrada de salsa de soja y las especias que os apetezcan (yo para canelones solo suelo poner una pizca de pimienta negra molida y la salsa de soja). Cuando la cebolla ya está pochada escurrimos la soja y la añadimos, para rehogarla bien en la sartén. Rociamos una chorradita de vino blanco y dejamos que reduzca un poco. Después, echamos un poco de tomate triturado, para que quede un relleno jugoso, y sazonamos al gusto, poniendo también una pizca de azúcar, para matar un poco la acidez del tomate. Agregamos el contenido de la lata de paté vegetal (yo suelo comprar el de NaturGreen, pero podéis poner el que más os guste) y dejamos que se haga unos minutos a fuego lento. Es el momento de probar el relleno y rectificar de sal, o de especias, para que esté a nuestro gusto. Yo suelo echar también una chorradita de salsa de soja, pero si la echáis deberéis tener en cuenta que es salada, y no poner demasiada sal. 
Ya tenemos el relleno listo, y pasamos a hacer la bechamel.
Ponemos en una sartén honda una buena chorrada de aceite de oliva y rehogamos la harina (dos o tres cucharadas soperas colmadas, dependiendo de la cantidad de bechamel que vayáis a hacer), cuando está dorada añadimos poco a poco la leche de soja SIN AZÚCAR (esto es importante, porque la mayoría de leches vegetales vienen endulzadas, y la bechamel nos saldría dulce) sin dejar de remover con las varillas, para que no se formen grumos. La bechamel la haremos a fuego lento, para evitar que se nos queme y se nos formen grumos. Es muy importante no dejar de remover con las varillas, pero si se os forman grumos, no os preocupéis... la batidora lo resuelve luego si fuera necesario. Seguimos echando leche, dejando que hierva, hasta que tengamos la salsa del espero que queramos. Yo para canelones o lasaña suelo poner tres cucharadas soperas de harina por cada litro de leche, más o menos. Sazonamos con sal y una pizca de nuez moscada, al gusto. 
Ya tenemos las placas preparadas, el relleno y la bechamel, así que es el momento de "montar" los canelones. Pondremos a precalentar el horno a 250 grados. En la bandeja del horno o en un Pyrex de cristal (dependiendo de cuantos canelones hagáis) ponemos una fina capa de bechamel, para poner luego encima los canelones. Sobre cada placa de canelón ponemos un poco de relleno en el centro y enrollamos para cerrarlos. Los vamos poniendo en la bandeja, hasta que hayamos hecho todos, y después echamos por encima una capa abundante de bechamel, que los cubra bien. Espolvoreamos con queso rallado vegano (yo compro el tipo mozzarella de Violife, que viene en bloque, y lo rallo, pero podéis poner el que queráis). Es el momento de gratinarlos. Los metemos al horno, a media altura en la función gratinar (el calor arriba) y vigilamos hasta que esté la bechamel un poco doradita y el queso gratinado. 
Aunque os parezca muy laborioso, no tardas más de hora y media en hacerlos, y menos de media hora en comerlos... jejeje... 
Espero que os animéis a probar a haceros, y modifiqueis la receta a vuestro gusto, que es lo bueno de cocinar en casa, poder "personalizar" nuestros platos. 
¡Buen provecho! 

martes, 6 de diciembre de 2016

Lasaña de boloñesa.


Por falta de tiempo tengo este blog bastante abandonado. Me he propuesto ir publicando de nuevo recetas, a ver si consigo volver a hacerlo dinámico.
Esta semana, como ha habido tantos días de fiesta, he aprovechado para hacer platos más laboriosos, sobre todo de tiempo, pero nada difíciles de hacer. La lasaña es uno platos favoritos de mi hija, y ayer me animé a hacer una que estaba para chuparse los dedos. Os dejo la receta, para que os sirva de base, pero os animo a ir cambiando a vuestro gusto, para hacer vuestra lasaña perfecta, a vuestro gusto.

Ingredientes:

1 caja de láminas de lasaña
200 grs. de soja texturizada fina
200 grs. de tomate triturado (más o menos)
1/2 cebolla
2 dientes de ajo
6 lonchas de queso vegano
Queso vegano rallado
sal
azúcar
pimienta negra molida
perejil
albahaca
vino blanco
salsa de soja
aceite de oliva virgen extra

Para la bechamel:
4 cucharadas de harina de trigo
1 litro de leche de soja sin azúcares añadidos
aceite de oliva virgen extra
sal
nuez moscada

Elaboración:

Se pone en remojo la soja texturizada con agua caliente y una buena chorrada de salsa de soja, durante unos 15 minutos, hasta que esté bien hidratada.
En una sartén sofreímos la cebolla y los ajos bien picados, hasta que la cebolla esté pochada. Añadimos la soja, previamente escurrida, y la rehogamos bien. Agregamos un buen chorizo de vino blanco y dejamos que reduzca, a fuego lento. Echamos tomate triturado, al gusto, que no quede muy líquida la mezcla. Sazonamos con sal, una pizca de azúcar, pimienta negra molida, albahaca y perejil picado. Freímos el tomate con la soja y las especias durante unos 15 minutos, a fuego lento, y en ese rato aprovechamos para preparar la bechamel.
En una sartén ponemos una chorrada de aceite de oliva virgen extra, y cuando esté caliente echamos cuatro cucharadas de harina. Freímos la harina, y cuando esta dorada agregamos la leche de soja, removiendo sin parar con las varillas. Sazonamos al gusto con sal y una pizca de nuez moscada, y seguimos moviendo hasta que espese. Si quedan muchos grumos, podéis pasar la bechamel por la batidora... pero si removéis con las varillas, con brío, difícilmente saldrá grumosa.
Ya tenemos la bechamel hecha, y el relleno también, ahora toca montar la lasaña.
En un recipiente apto para horno (yo uso un Pyrex de cristal) echamos una capa finita de bechamel. Ponemos una capa de láminas de pasta para lasaña (yo utilizo unas que vienen precocidas, y se usan así, directamente. Si no son de esas, deberéis seguir las instrucciones de la caja y cocer previamente las láminas de pasta), y tras la capa de pasta, ponemos una capa fina de relleno de soja. Otra capa de pasta, una de relleno de soja y cubrimos con las lonchas de queso. Ponemos otra capa de pasta y otra de relleno hasta que tengamos la lasaña del grosor que queramos, acabando en una capa de pasta. Yo recomiendo usar por lo menos cinco capas de pasta y cuatro de relleno, para que tenga consistencia.
Echamos por encima toda la bechamel, que cubra bien la lasaña, y espolvoreamos con queso verano rallado (esto último es opcional, si no tenéis queso rallado está rica también).
Ponemos en el horno, que previamente hemos calentado, a gratinar. El tiempo de gratinado dependerá de la rapidez de cada horno, por lo que recomiendo vigilarla, y cuando veamos que la bechamel está dorada, la sacamos del horno.
Toca partirla, servirla... y soplar para comérsela, porque el ansia no os dejará esperar a que se enfríe.
Aunque da un poco de pereza pensar en hacer un plato así, realmente el tiempo invertido en prepararla es tan solo de una hora, desde que piensas en hacerla hasta que te sientas a la mesa. así que, no tenéis excusa para no probarla. Espero que os guste.