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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Tortilla de patata y champiñones


La tortilla de patata es un plato típico de aquí, y que a mi personalmente me encanta, pero la verdad que cuando era omnívora apenas hacía, ya que mi madre hacía las mejores tortillas de patata del mundo (no es pasión de hija, tienen fama entre todos los que han tenido la suerte de probarla). El caso es que como ella las hacía tan espectacularmente buenas, cuando alguna vez me puse a hacer una, nunca terminó de convencerme, porque era difícil igualar la de mi madre.
Al dar el paso al veganismo, y con la ausencia de mi madre, tuve que ponerme a experimentar para volver a comer tortilla. Son muchas las pruebas que he ido haciendo durante estos tres años y pico... que si con harina de garbanzo, que si con maicena, que si añadiendo limón, poniendo mas agua, o menos agua... es difícil encontrar la tortilla perfecta... pero sé que algún día lo lograré.
En este largo proceso de pruebas, esta vez he innovado, y he añadido unos champiñones a la tortilla... y creo que ha sido todo un acierto, porqué no sé si será la tortilla perfecta, pero si sé que estaba buenísima. Me gustaría que mi madre pudiera probarla, y así darme su opinión... pero el destino ha querido que esto no sea posible. Mamá, todas estas pruebas van por ti, a ver si un día consigo especializarme en tortillas y me acerco un poquito a la perfección de las tuyas.

Ingredientes:

4 patatas grandes
1 cebolla mediana
200 grs. de champiñones
2 cucharadas colmadas de harina de garbanzo
2 cucharadas colmadas de harina de maíz
2 cucharadas colmadas de harina para rebozar sin huevo (yo uso de la marca Yolanda)
1 cucharadita de café de levadura química
250 ml. de agua
1 chorrito pequeño de vinagre blanco
aceite de oliva virgen extra
sal
cúrcuma

Elaboración: 

Pelamos y partimos las patatas finas, para que frían rápido y por igual todas. Picamos la cebolla y lavamos y laminamos los champiñones.
En una sartén ponemos abundante aceite de oliva y freímos las patatas y la cebolla, dando vueltas para que se hagan bien todas. Cuando empiecen a estar mochadas, ya blanditas, las vamos escuchando un poco con una espátula de madera, para que queden a trocitos pequeños. A mi personalmente no me gusta la tortilla de patata con trozos grandes de patata. En otra sartén salteamos los champiñones con un chorrito de aceite y una pizca de sal. Mientras todo esto se va haciendo, preparamos la mezcla que nos va a servir de sustituto del huevo. En un bol ponemos todas las harinas, la levadura y el agua, y mezclamos bien con las varillas. Cuando tengamos la mezcla bien batida añadimos sal, una pizca de cúrcuma (para dar el característico color amarillo a la tortilla) y unas gotitas de vinagre, para "matar" el sabor a garbanzo de la harina. Escurrimos bien la patata y la cebolla y lo echamos en el bol, junto a la mezcla que acabamos de hacer. Agregamos también los champiñones, y removemos todo bien, rectificando de sal si fuera necesario.
Un punto muy importante para que la tortilla salga bien es la sartén que vamos a usar. Deberá estar en perfectas condiciones el antiadherente, para evitar que se nos pegue. Pintamos toda la sartén de aceite, con ayuda de un pincel de cocina, por toda la superficie. Ponemos al fuego, y cuando esté caliente, vertemos la mezcla que hemos preparado.  Vamos moviendo la sartén para que no se agarre y para que se cuaje de forma uniforme, a fuego medio/alto. Con ayuda de un plato damos la vuelta a la tortilla (yo tengo una sartén doble especial para hacer tortillas, y la verdad es que facilita muchísimo el trabajo) y la ponemos al fuego por el otro lado. Vamos dando la vuelta cada poco, para asegurarnos que no se nos quema, y que se dora lo suficiente para coger un bonito color y que esté bien cuajada. Cuando la hayáis terminado, recomiendo dejarla reposar unas horas, para que se enfríe y coja consistencia, puesto que recién hecha se rompe al partirla (yo suelo hacerla mediodía o de un día para otro, y así a la hora de cenar solo es calentarla un poco y listo).
El toque que dan los champiñones, tanto de sabor como de textura, es espectacular.
Os invito a probar la receta, y a modificarla vuestro gusto, para que encontréis vuestra "tortilla perfecta".

jueves, 26 de marzo de 2015

Tortilla campesina.


¿Porque renunciar a la tortilla? No tenemos que renunciar a un manjar tan exquisito por no comer huevos. Con harina de garbanzo podemos hacer tortillas con un sabor inigualable y mucho más éticas y saludables.

Ingredientes:

2 patatas grandes.
1/2 cebolla.
1 pimiento verde.
1/2 calabacín.
Harina de garbanzo
Unas gotas de limón exprimido.
Sal.
Aceite de oliva virgen extra.

Elaboración:

Pelamos y cortamos las patatas muy finas, y picamos la cebolla. Lo freímos en una sartén con abundante aceite, removiendo bien, hasta que esté la patata bien pochada, un poco doradita. Sazonamos. A mi me gusta ir aplastándola un poco con la paleta de madera, para que quede a trocitos pequeños.
En otra sartén aparte freímos el pimiento verde a trozos pequeños, y cuando esté a medio hacer añadimos el calabacín a rodajitas pequeñas (yo parto cada rodaja en cuatro), no olvidéis ponerle sal.
En un bol preparamos la mezcla de harina de garbanzo y agua, poniendo mas o menos (yo cocino a ojo, así que en esto no puedo ser muy precisa) dos partes de harina por tres de agua. Tiene que quedar más o menos la misma cantidad que si hubiéramos batido cuatro huevos. Mezclamos bien y añadimos unas gotas de limón exprimido. Escurrimos bien la patata con la cebolla, y el pimiento con el calabacín y lo echamos en el bol con la mezcla de "no huevo" que tenemos ya lista. Mezclamos bien y probamos por si hubiera que rectificar de sal. Aquí notaremos mucho el sabor a garbanzo, porque la harina está cruda; cuando esté la tortilla hecha notaréis la diferencia de sabor.
ponemos en una sartén una gota de aceite y echamos la mezcla para hacer la tortilla, a fuego medio. Damos la vuelta con ayuda de un plato (yo tengo una sartén doble, especial para tortillas, que es una maravilla), mirando bien que esté doradita por los dos lados. Ya tenemos lista nuestra tortilla campesina, lista para comer en casa o llevar de excursión.


domingo, 27 de octubre de 2013

Tortilla de patata


Una de las cosas que mejor cocinaba mi madre era la tortilla de patata, y yo casi nunca hacía, porque era muy difícil igualarla. Esta receta de tortilla de patata sin huevo, me recuerda mucho a esas tortillas que mi madre me hacía, y se hace súper rápida.

Ingredientes:

4 patatas
1 cebolla
4 cucharadas de harina de garbanzo
agua
aceite de oliva
sal

Elaboración: 

Se pelan y cortan las patatas finas, para freír como si fueras a hacer una tortilla tradicional (de las que se hacen con huevo).
Se pica la cebolla fina, y se pone a freír junto con la patata, en abundante aceite de oliva. Salamos al gusto.
En un plato se echan las cuatro cucharadas de harina de garbanzo (una por cada huevo que vayamos a sustituir) y se añade agua. Se mezcla bien con un tenedor, para que no queden grumos. Tiene  que quedar una mezcla bastante líquida, con la textura que tiene un huevo batido, ya que si queda muy espesa, la tortilla no quedará muy jugosa, y sabrá mucho a garbanzo.
Cuando tengamos la patata y la cebolla dorada, la escurrimos y la echamos en la mezcla de harina de garbanzo y agua, y mezclamos bien.
En una sartén se echa una cucharada de aceite de oliva (yo aprovecho el que ha quedado en la sartén de freír la patata) y se echa la mezcla que tenemos preparada. Se frie bien por un lado, y con ayuda de un plato, se da la vuelta para freír por el otro. Cuando esté doradita y cuajada ya tenemos lista nuestra tortilla de patata 100% vegetal.

Propiedades de la patata:

En su composición, el 82% es agua, por lo que sirve para hidratarnos pero además consumiéndola aportamos al organismo una gran cantidad de proteínas, almidón, fibra y azúcares, esenciales para nuestro cerebro. Por otra parte, en cuanto a los minerales, la patata es muy rica en potasio, magnesio y fósforo y además nos aporta varias vitaminas, como la C, A, B1, B2, B6 y PP. Y también nos proporciona ácido fólico, esencial para asimilar el hierro.

La patata, además, actúa como un antiácido natural, por lo que es un alimento muy recomendable para aquellos que padecen acidez estomacal, gastritis o tienen hernia de hiato.

Su consumo también es beneficioso si padecemos de cistitis, prostatitis o cálculos renales, y también para aquellos que sufren problemas hepáticos. Tiene además propiedades diuréticas y laxantes, por lo que es aconsejable para quienes presentan estreñimiento o retención de líquidos.